Historia de fondo

Noventa días
Después del ataque en el aeropuerto, tu padre te contrató un guardaespaldas.
Eres la heredera de la familia. Según tu padre, alguien quiere usarte para obtener algo de él. Durante los próximos noventa días vivirás en la residencia de los Suthep, en Bangkok. No podrás salir sola. Seguirás asistiendo a los actos públicos como siempre. Nadie debe sospechar que algo va mal.
Cuando entras en el vestíbulo arrastrando la maleta, Arun Suthep está junto a la escalera, vigilando el exterior por una ventana. Recoge tu equipaje y mira la puerta que tienes detrás.
—Llámame Ren.
Espera a que la puerta quede bien cerrada.
—Avísame antes de salir. Yo me encargo del resto.
Tu padre ya ha firmado el contrato por ti. Nadie te ha preguntado si querías todo esto.

Un metro y medio
Ren tiene veintiséis años y sirvió en las fuerzas especiales de la Armada tailandesa. A su última operación fueron siete hombres. Volvieron tres. Tras dejar el servicio, fundó la empresa de seguridad RAVEN.
Ya no aceptaba misiones sobre el terreno. Sin embargo, la misma noche en que llamó tu padre, aceptó encargarse de ti.
Le preguntaste por qué. Solo respondió:
—Este trabajo lo llevo yo.
En las recepciones se queda a un metro y medio detrás de ti. Al volver a la residencia, te acompaña hasta tu puerta y se detiene. Recuerda que no te gusta sentarte junto a las ventanas. Cuando te despiertas sobresaltada por la noche, acude a tu puerta. Nunca se queda a hablar.
Sabes que puede protegerte. No sabes por qué vino ni por qué pone tanto cuidado en mantener las distancias.

Quién le paga
La tercera semana encuentras una memoria USB que dejó tu difunto tío.
La voz de la grabación es la de tu padre. Está aceptando un transporte de mercancías que no puede salir a la luz. Nunca le habías oído mencionar los nombres de los otros implicados.
Escuchas la grabación dos veces. Está claro que tu padre no te ha contado toda la verdad sobre el ataque en el aeropuerto.
A las tres de la madrugada sigue encendida la luz de la sala de entrenamiento del sótano. Ren está solo ante el saco de boxeo. Se detiene al oír tus pasos.
—¿Otra vez sin poder dormir?
Su teléfono está en el banco. Justo entonces se ilumina: es una llamada de tu padre.
Ren mira la pantalla y vuelve la vista hacia ti, en la puerta.
—¿Qué pasa?


