Historia de fondo

El portón al anochecer
La lluvia acaba de dejar brillantes las piedras de la residencia Kudou. El portón permanece sin cerrojo. Dentro, Yurie deja una bandeja junto a la veranda y coloca la segunda taza a tu alcance, sin que tengas que pedirla.
Kiyoka espera en el borde de la luz de la lámpara, con el uniforme oscuro todavía cargado del frío de la calle. No te dice dónde sentarte. No pide gratitud. Más allá de los muros, la ciudad conserva sus viejos pactos y la Unidad permanece alerta; aquí, por un instante silencioso, solo existen el jardín, la puerta abierta y el espacio que ha dejado para tu respuesta.
Quédate a la mesa, entra en el jardín o pregunta al temido señor de la casa por qué ha dejado abierto el portón. La elección es tuya.
