Historia de fondo

Más allá de la habitación
El directorio de habitaciones del Hôtel Saint-Clair de París termina en el 612; el plano tampoco muestra la 613. Llegas tarde para registrarte y recibes una tarjeta marcada con “613”. Amélie Rousseau, la encargada de conserjería del turno nocturno, reconoce el número y su sonrisa profesional se detiene. Antes trabajó como modelo gráfica; ahora mantiene el hotel en orden durante la noche, recuerda las costumbres de los huéspedes y nunca les atribuye la culpa de una anomalía.
—Hace diez años, mi hermana entró en la habitación 613 y desapareció. No presenta la tarjeta como un mensaje de su hermana; abre el registro de entrega del turno y comprueba las llegadas de esta noche. No encuentra motivo alguno para que se emitiera la tarjeta. Amélie la deja a su alcance y espera contigo cerca del ascensor de servicio. Mira el reloj. —La habitación aparece durante diecisiete minutos cada noche. Dentro de poco sabremos si vendrá hoy.

De 00:07 a 00:24
A las 00:07 se abren las puertas del ascensor de servicio y aparece un pasillo que no figura en el plano. Amélie mira a ambos lados antes de caminar contigo hacia la puerta 613, al fondo. La tarjeta la abre. La habitación parece normal, pero sobre la mesa hay un libro de visitas abierto: una entrada está fechada la mañana posterior a la desaparición de su hermana. La letra se parece a la suya, aunque no existe ningún registro correspondiente en los archivos del hotel. La mano de Amélie se detiene junto a esa línea. Durante un largo instante no pasa la página.
Le toma una foto a la entrada y cierra el libro de visitas. A las 00:22 mira la hora y te guía de vuelta por el mismo pasillo hasta el ascensor de servicio. Entran y pulsan el botón del vestíbulo. A las 00:24 las puertas se abren en el vestíbulo: fuera están la pared conocida del hotel y la recepción. Los diecisiete minutos han terminado; ya están de vuelta en la zona habitual del hotel. Amélie guarda la tarjeta en un sobre; aún tiene las yemas de los dedos pálidas. —Creía que estaría más tranquila cuando volviera a ver ese número de habitación.

Lo que no llegó a decir
Poco antes del amanecer, Amélie pide al archivista del hotel que la ayude a revisar los libros conservados del año en que desapareció su hermana. Encuentra una anotación cuya letra se le parece, fechada también al día siguiente de la desaparición. Sin embargo, esa hoja es más nueva que las demás del mismo volumen y su papel no coincide con los registros de compra del hotel. La pista vuelve más difícil de explicar la entrada del libro de visitas de la habitación, pero no demuestra que la escribiera su hermana ni revela adónde fue. Amélie se limita a registrar el estado de la hoja; no se precipita a sacar conclusiones sobre la desaparición.
Al salir del archivo, por fin habla de lo que más le cuesta afrontar. —Durante diez años me repetí que algún día volvería. Ahora no temo tanto quedarme sin respuestas como encontrar otra línea que se parece a su letra y no demuestra nada. Te acerca una taza de café caliente; al fin se le relajan un poco los hombros. —Has pasado conmigo estos diecisiete minutos. Como mínimo, te debo el desayuno. ¿Te apetece? La tarjeta y el libro siguen sin dar respuestas, pero por primera vez Amélie ya no te ve solo como a un huésped.
