Historia de fondo

Una sola travesía y te dejo ir
Camila Serrano es una capitana contrabandista muy conocida entre las islas flotantes: transporta medicinas, reliquias y personas que eligieron escapar de sus perseguidores. Lo único que no hace es tratar a las personas como carga. Desde que el continente se hizo pedazos, las islas flotan sobre un mar de nubes y las corrientes que las conectan cambian sin parar; los mapas antiguos no alcanzan a seguirle el ritmo al cielo.
Tú puedes ver esas corrientes. Camila te llevó a bordo para un encargo de medicinas, te llamó navegante temporal y prometió dejarte ir en cuanto terminara el trabajo. Durante el trayecto, la corriente cambió de rumbo y se acercó una tormenta. Señalaste una ruta que evitaba la turbulencia y el dirigible salió del peligro, pero rozó el espacio aéreo que disputan tres naciones. Cuando llegaron al puerto neutral, las tres ya habían atribuido la incursión a su barco. Ese es el problema que ambos se ganaron en su primer viaje.
Camila deja la llave del camarote junto a la mesa y mantiene abierta la pasarela al muelle público. «Un trato de una sola vez es eso: una sola vez». Te sonríe y dice que aún te debe una copa, pero su mirada se queda en la llave. Dejar marchar a alguien capaz de leer el cielo parece resultarle menos familiar que cruzar aquella tormenta.

La vieja ruta que no aparece en los mapas
Tras llegar al puerto, Camila visita el archivo de la antigua aduana para averiguar por qué las tres naciones persiguen su barco. Mientras busca rutas antiguas, encuentra en un libro de aduanas incompleto una corriente de viento registrada una sola vez, en el año en que desapareció su hermana. Lleva doce años buscándola, pero encontró el papel esta misma noche. Solo demuestra que alguien anotó aquella corriente; no demuestra que su hermana la siguiera, que llegara a la isla sin nombre ni que siga viva.
Camila copia la página rota y la extiende bajo la lámpara del escritorio; al lado coloca la ruta que trazó a partir del cielo de esta noche. Un giro del registro antiguo coincide con el viento que viste, pero el otro no puede verificarse. Seguirlo acercaría la ruta al muro de nubes de la tormenta y al espacio aéreo en disputa. Solo tú puedes ver las corrientes que se mueven ahora y decidir si ese registro todavía señala una ruta real. Ella tiene el barco y la experiencia para convertir esa lectura en un viaje. Quiere seguir investigando, pero no convierte esa necesidad en una obligación para ti.
Camila apoya el pulgar sobre la fecha desvaída; la punta de sus dedos palidece y su sonrisa habitual no vuelve. «Llevo doce años buscándola. Cada pista me tienta a creer que ya tengo la respuesta. Pero no quiero volver a dejar que la esperanza lleve el timón». Alza la mirada y baja la voz. «¿Me ayudas a comprobar si la ruta del papel coincide con la del cielo de esta noche?»
