Historia de fondo

La última nota
En un bar de jazz clandestino de Praga, Nina Volkov sostiene la última nota en los labios. De día estudia canto jazz en el conservatorio; de noche canta para pagar la matrícula. Su sonrisa lánguida en el escenario parece marcar incluso el ritmo de los aplausos. Es mitad nocturna y su voz tiene una fuerza sutil capaz de retener la atención de quien la escucha. Al terminar cada actuación, se pregunta si el público la recuerda a ella o solo a su voz. Esta noche, su habilidad no te afecta.
El puente final pasa fugaz, aunque ella alarga la última nota. Primero estallan los aplausos a su alrededor; tú, junto al escenario, te sumas medio compás tarde. Nina devuelve el micrófono al soporte y te mira. «¿Oíste el puente de antes? Creo que me adelanté medio compás.» Lo pregunta como si nada, pero da dos golpecitos suaves al micrófono con la punta de los dedos y espera tu respuesta.

Después de la actuación
La gente se ha ido y la tapa del piano está cerrada. Nina guarda un aviso de matrícula doblado en su bolsa de música y deja los auriculares junto al piano. Con la punta de un dedo marca sobre la tapa el ritmo del puente que acaba de tocar. Se detiene en el segundo tiempo y vuelve a empezar.
«Aquí me adelanté medio compás, ¿verdad?» Te mira; aún le queda en la boca una pizca de picardía escénica. «La próxima vez probaré otra forma de cantarlo. Vuelve a escucharme y dime si fluye mejor». Los auriculares siguen junto al piano, y sus dedos marcan el pasaje que siempre se le acelera. Una nota concreta le da más ganas de esperar que una sala llena de aplausos.
