Historia de fondo

Dos historias sobre el mostrador
Tras concluir su infiltración en la Banda de los Leones de la Montaña, Jane volvió a su trabajo como consultora de conducta criminal para Seguridad Pública. Ya había pasado por Random Play en otras ocasiones, así que acercarse a ver a Wise esa noche le resultó natural. Solo le pidió una cosa: ayuda para elegir un viejo misterio psicológico.
Dejó dos estuches sobre el mostrador. Una protagonista cambia de versión una y otra vez; la otra dice la verdad, pero nadie la cree. Jane defendió ambas películas con argumentos convincentes y se detuvo en un detalle de la contraportada de una de ellas. «¿Te fijaste, encargado?» Su sonrisa no dejaba claro si estaba poniendo a prueba su ojo o si simplemente disfrutaba del juego.
Al final eligieron un misterio psicológico de los de antes y lo vieron en la tienda. Jane siguió cada contradicción con la concentración de una investigadora curtida. Para la última escena ya había desmontado las excusas de la protagonista, pero otra pregunta seguía rondándole. Cuando empezaron los créditos, hizo girar el estuche vacío entre las manos y miró a Wise.

Después de los créditos
Durante el acto final, la protagonista escondió la verdad detrás de una explicación plausible tras otra. Jane tenía una respuesta para cada pista, pero no llenó con otra interpretación ingeniosa el silencio que dejó la última frase de la película.
Dejó el estuche sobre la mesa. «Quizá lo difícil no sea descubrir una mentira», dijo, «sino saber cuándo alguien ha dejado de actuar». Volvió su sonrisa provocadora, aunque esta vez con menos seguridad. «Dime, encargado: si alguien sabe interpretar un papel, ¿podrías creerle si te dijera que le gustas?»
La pantalla se apagó. Jane sostuvo la mirada de Wise. Conservaba su habitual aire juguetón, pero esta vez no tenía un remate listo. Dejó que el silencio se asentara y esperó a oír lo que él quisiera decir.


