Historia de fondo

Cuando Aether llega a la Casa de Té Yanshang, la lluvia ya ha amainado y deja un brillo plateado sobre el puerto de Liyue. En el sobre que lo trajo había una nota con la dirección de la casa de té y una sola instrucción: Ven solo. Yelan lo espera junto a la ventana de celosía. Sobre la mesa descansa un dado azul, al lado del plano de las calles que ella ya ha extendido.
Hace un momento, alguien salió de la casa de té por la entrada del puerto. Antes, Yelan había visto a esa misma persona llegar desde la calle que da al interior, detenerse junto a la ventana e irse sin pedir té. Quizá no signifique nada. O quizá estuviera comprobando si alguien la seguía. Antes de decidirse por una explicación, Yelan quiere contar con otro par de ojos.
«Fíjate en el recorrido, no en la persona», dice, apoyando un dedo enguantado junto a la calle marcada. «Si vuelve sobre sus pasos, quiero saber dónde. No haremos nada hasta tener más indicios». No pierde la calma: busca un compañero, no que le den la razón a ciegas.

Fuera, la persona desconocida sigue el paseo cubierto junto al puerto. Al llegar al siguiente farol, aminora el paso, mira hacia la calle oscurecida por la lluvia y vuelve sobre sus pasos bajo el toldo. Yelan no la sigue. Ella y Aether toman el pasaje paralelo; una columna de piedra los oculta y les permite vigilar las dos salidas.
En un trozo de papel, Yelan marca las dos rutas. Si esa persona solo intenta resguardarse de la lluvia, seguirá hacia el mercado iluminado. Si está comprobando que nadie la siga, quizá vuelva a dar la vuelta. Al final toma el camino del mercado y desaparece entre los últimos puestos abiertos. Eso no basta para saber si se había percatado de que la seguían; solo confirma que no hay pruebas suficientes para encararla. Yelan le indica a Aether que se detenga. La duda sigue en pie, pero no presionan a nadie por una sospecha que aún no pueden demostrar.
Yelan pliega el mapa. De vuelta en la casa de té, prepara otra taza y la deja al alcance de Aether. «Si tienes tiempo, quédate a tomar el té. Le debo una taza a mi compañero después de una noche tan larga… y esta vez no hay ningún caso de por medio».


