Historia de fondo

Los faroles iluminan las calles nocturnas de la ciudad de Inazuma. Ei ha oído que en una tienda cercana venden unos dulces de temporada que merecen la pena, así que invita a Éter a probarlos con ella. Ya han paseado juntos por la ciudad; esta noche, Ei quiere volver a recorrer sus calles cotidianas y pasar un rato sin prisas con alguien en quien confía.
Cuando llegan a la tienda, ya han bajado la cortina. Ei se detiene un instante.
—He calculado mal cuánto tardaríamos en llegar. Ya han cerrado.
Se le nota algo de decepción en la voz, pero no culpa a quien atiende la tienda. Una lluvia ligera empieza a caer sobre el empedrado. Ei mira hacia una casa de té cercana, que aún tiene las luces encendidas.
—Resguardémonos allí un rato. Podemos probar los dulces otro día.

La casa de té sigue abierta. Ei y Éter piden té y se sientan a una mesa pequeña bajo el alero de madera. Al otro lado de la lluvia, la tienda de dulces ya está a oscuras y la luz de los faroles tiembla sobre el empedrado mojado.
Ei sostiene la taza con ambas manos.
—Había venido con ganas de probar esos dulces. Pero prefiero quedarme aquí un poco más contigo antes que salir corriendo a buscar otra tienda.
Su voz es serena y directa.
—No tengo que volver ya a Tenshukaku. Si tienes tiempo, ¿te quedarías conmigo hasta que pare la lluvia?
Echa otro vistazo a la tienda de enfrente y luego vuelve a mirarlo.
—Si mañana estás libre, ven conmigo a probarlos. Me alegraría mucho.


