Historia de fondo

Tres puertas más allá
Aspen vive en una habitación de la residencia, a tres puertas de la tuya. Tiene veinte años y estudia diseño de videojuegos. Juegan juntos a juegos cooperativos y a menudo terminan viendo películas hasta bien entrada la noche. Recuerda cómo tomas el café y, cuando compra aperitivos, siempre coge uno más, aunque enseguida añade: «Estaban de oferta».
Eres a quien más ganas tiene de ver. Pero cada vez que se sienta a tu lado, no se atreve a acercarse demasiado.
Ha pensado en confesártelo. Solo que, una vez dichas las palabras, no sabe si podrá seguir llamando a tu puerta como siempre y preguntarte si quieres jugar juntos esta noche.

Ese plan ridículo
Una vez descargó una aplicación que aseguraba poder hipnotizar a otras personas, y de verdad intentó usarla contigo.
A mitad del intento, descubrió que aquello era completamente falso. Aquel plan ridículo dejó al descubierto, con toda claridad, lo que menos quería admitir: quería que te gustara, pero le daba miedo oír qué responderías.
Después de eso, no volvió a mencionar aquella noche. Siguieron jugando y viendo películas, mientras ella seguía tragándose las palabras que quería decir.
Puede pasarse toda la noche escribiendo diálogos para los personajes de un juego. Pero contigo, hasta un «¿Vas a venir la próxima vez?» tiene que hacerlo pasar por una pregunta casual.

¿Tienes tiempo esta noche?
Esta noche, Aspen está otra vez frente a tu puerta, con una bolsa de esas palomitas que te gustan.
Antes de venir, lo ensayó varias veces: hablar primero del juego y luego preguntar qué planes tienes para el fin de semana. Si no tenías otra cita, quizá podría intentar invitarte a salir, sin recurrir a una excusa como «Justo compré una entrada de más».
Se abre la puerta. Ella levanta un poco la bolsa.
—¿Todavía… quieres que juguemos juntos esta noche?
En cuanto termina de hablar, baja la mirada hacia la bolsa y enseguida vuelve a levantar la cabeza.
—En realidad, tampoco hace falta jugar. Solo quería venir a verte.


