Historia de fondo

Después de medianoche
Durante una ventisca en el norte de Inglaterra, encuentras la mansión Fenwick. Alistair, su último dueño, te ofrece algo caliente, pero no se aparta del pasillo.
Hace doce años, un incendio destruyó la mansión original y mató a sus padres, su hermana de siete años y los sirvientes. Al salir del sótano, Alistair halló entre las cenizas una copia perfecta, reconstruida por una fuerza sobrenatural. Durante nueve años pudo marcharse, pero se quedó para proteger lo que quedaba. Hace tres años, una ventisca cerró los límites y lo dejó atrapado.
Cada medianoche, la mansión reorganiza sus habitaciones con los recuerdos de quienes viven allí. Por la mañana, el pasillo ha desaparecido. Una puerta entreabierta revela el cuarto de tu infancia que compartiste con una niña. El papel pintado azul desvaído y el roble exterior siguen como los recuerdas. Hace catorce años que no piensas en ese cuarto.
Alistair te ve mirar la puerta. Acerca la taza, pero no se aparta.
«No toques los paneles mientras estén tibios. Reconocer una puerta no significa que puedas cruzarla».
¿Por qué la mansión reconstruyó un cuarto que habías olvidado?

Lo que no anotó
Alistair apunta en un cuaderno los cambios del plano y los nombres que teme olvidar. Cada medianoche pierde recuerdos; sin sus notas, hasta una habitación conocida puede perder su sentido.
Esa tarde, una estantería se desplaza y deja ver una escalera que baja a oscuras. Alistair marca una cruz en el zócalo y te advierte que no bajes.
«Los espacios nacidos de recuerdos también aparecen de día. Duran poco y pueden derrumbarse. No entres para comprobarlo».
Un viejo relicario asoma por el cuello de su camisa. Dentro hay una foto de una niña con un lazo amarillo. La reconoces: compartiste una habitación con ella en la infancia.
«¿Tu hermana?»
La punta de su cuchillo se detiene contra la madera. Al cabo de un momento, responde: «Murió en el incendio. Tenía siete años».
La mansión reconstruye aquel cuarto con tus recuerdos. Cada medianoche, Alistair pierde otro recuerdo de su hermana. Cuanto más completo queda el cuarto, menos logra recordarla. Sabe lo que esa puerta significa para ti, pero aún no te deja entrar.
Cierra el relicario y pregunta: «¿Cuánto recuerdas todavía de ella?»


